CAPITULO XIV

Concepción Cabrera de Armida - Biografía
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CARTA CON POSDATA

Querido hermano Octaviano:
- Como bien sabes que te considero mi segundo padre y como yo no he podido ir a San Luis ni tu has venido a México, quiero participarte mediante esta carta que tienes a tus ordenes dos nuevos sobrinos.. Así confirmaras lo que una vez me dijiste, que escribo cartas como respiro. Mi balance final será voluminoso: 6,247 cartas al clero y 447 a familiares; además de 65 mil paginas de manuscritos.

Lupe nació el 11 de febrero de 1898. Yo le había pedido al señor que fuera mujer y morenita para ponerle el nombre de la Virgen de Guadalupe; que antojos, el señor me lo concedió. Y aunque le había ofrecido el sacrificio de no besar a mis hijos para que todos mis besos fueran para El, no pude contener la ternura de mi corazón de madre y me desborde llenándola de besos. A los dos días de nacida, la bautizó en el Sagrario Metropolitaño, el padre Alzola que ha sido siempre tan bondadoso conmigo. Quede tan enferma, que tuve miedo de morir. Fueron cuatro meses largos de convalecencia en que no pude leer, escribir ni hacer nada; buscamos una nodriza que alimentara a la niña.

Casi al año justo, el 20 de febrero de 1899, llego Pedrito, el benjamín, que es el juguete preferido de mis hijos; lo traen como pelota pasando sin cesar de mano en mano con peligro de que vaya a rebotar. Oh, si este niño llegara algún día a ser útil a la Iglesia de Dios. Me puse muy mala después que el nació, primero flebitis en ambas piernas, luego apendicitis. Recibí el Viático en medio de la tristeza de los niños. Yo no me atrevía a pedir a Dios la salud. Vámonos, Señor, vámonos si tú quieres. Pero El me trajo otra vez a la vida.

Este año de 1900, Conchita estuvo enferma de una fiebre tifoidea que la postro en cama más de 40 días, aunque siempre tan apacible y dulce. Como se agravó al grado de temer por su vida, le administraron los sacramentos y así recibió como Viático la Primera Comunión.

Yo aproveche ese tiempo en que no me desprendía de la cama de mi hija para escribir un "Tratado de las virtudes" que acabe en 37 días, luego escribí otro sobre los "Dones del espíritu Santo", el "Tratado de Los vicios" y un tratadito sobre las tentaciones que suman en total mil paginas. Un día te voy a prestar estas hojas para que las leas, que al fin y al cabo tú dices que mi letra es muy clara. ahí clasifico mas de 200 virtudes con sus vicios opuestos.

Y a propósito, ¿sigues guardando tu promesa de no comer dulces en toda tu vida? Porque sin la cruz no puede existir ninguna virtud.

Que el espíritu Santo te llene con su amor. Salúdame mucho a La Compañía y a San Juan de Dios. Tu hermana, Concha.

Posdata. A Octaviano no puedo contar todo lo demás que sucedió en este tiempo.

Recuerdo que por junio de 1898, sentí un amor hacia la Iglesia como no lo había sentido antes y una intensa valentía por defenderla hasta con mi sangre. Que dicha ser hija de tan cariñosa madre. Oh, si entendieran todos los sacerdotes su sagrada misión y no tuvieran mas pensamiento que la perfección de su ministerio. Pena me da decirlo y mas ver como algunos sacerdotes tratan al Santísimo Sacramento cuando dan la comunión. Ay, Dios mío, si serán los primeros que te crucifiquen. Suscita sacerdotes santos que entiendan su vocación.

Entonces el señor me dijo: sacrifícate por la Iglesia. A mí como me daba vergüenza por no servir para nada, me parecía que esto podría ser jactancia, orgullo. Quiero que seas victima por la Iglesia; ella es purísima y no se puede manchar, pero sus hijos si pueden mancharse y se manchan desgraciadamente. Muchas almas consagradas a Mi punzan mi corazón. La Iglesia necesita victimas. Déjate hacer, que es un regalo con que tu obsequio.

Y de pronto, la cruz. El señor Ibarra se mantenía a distancia de las Obras por la falta de entendimiento del padre Mir. Yo no podía hacer mas que invitarlos a que se unieran y juntos impulsaran el Apostolado de la Cruz y el Oasis.

En 1895, el señor Ibarra había fundado en Chilapa el Instituto de Misioneros Guadalupanos donde se prepararían los sacerdotes que evangelizaran y civilizaran a los numerosos indígenas de su diócesis. Al año siguiente, obtuvo del General de la Compañía de Jesús, que era el padre Luis Martín, la autorización para que el padre Mir formara a los seminaristas del naciente Instituto, que entonces se albergaba en el Colegio de San Joaquín, cerca de la ciudad de México.

Pero el padre Mir descuidaba la atención de los futuros misioneros y aun en asuntos importantes actuaba sin consultar al señor obispo. Y en cuanto a la formación de las Religiosas de la Cruz, disponía a su arbitrio, cambiaba superioras, castigaba o despedía a las religiosas que no estaban de acuerdo con el. Cuando el señor Ibarra le llamaba la atención, el padre Mir no lo atendía.

Yo siempre había creído que era voluntad de Dios que la Compañía de Jesús tomara como suyo el Apostolado de la Cruz, así por la influencia de mi director que era jesuita, como por el celo con que la Compañía honraba al corazón de Jesús, que es uno de los fines del Apostolado de la Cruz. Pero todas las tentativas que se hablan realizado ante el padre general, habían resultado infructuosas.

- Padre Alzola, vengo a suplicarle que insista de nuevo.

- No dudo del origen divino del Apostolado de la Cruz, me contesto el padre. Pero seria conveniente que algunas personas imparciales examinaran el espíritu de usted y emitieran su opinión para mostrar esos juicios al padre general.

La sangre se me agolpaba en la cara. ¿Como iba yo a descubrir mi alma? Si eso sirve para la gloria de Dios, que se haga su voluntad.

En largas y minuciosas entrevistas, me examinaron sucesivamente el padre Idelfonso del Moral, visitador de los Padre Paulinos; el padre Melé, provincial de los Claretianos y los padres jesuitas Jesús Soler y Saturnino Carrera. Todos coincidieron en afirmar que mi espíritu era de Dios, que el Apostolado de la Cruz era un medio eficaz para la santificación de los fieles y que debía acudir con quien era la cabeza, el arzobispo de México, Don Prospero María Alarcón.

El 23 de octubre de 1900 fui a verlo, sudando y temblando. Me recibió en cama, pues estaba delicado de salud. Lo encontré predispuesto contra el Apostolado de la Cruz y contra este pobre estropajo por los informes desfavorables que había recibido del señor obispo Montes de Oca. Sufrí algunos reproches y humillaciones.

- Vuelva usted dentro de ocho o diez días, hablare con los padres jesuitas y leeré la "Historia del Apostolado de la Cruz" que usted ha escrito.

Volví dos veces mas. El señor arzobispo quiso que yo misma leyera la Historia. Se conmovía, suspiraba, en ratos a mi se me atoraba la voz por la emoción. Me hizo muchas preguntas, sobre todo de las penitencias que hago. Me arrodille para que me bendijera.

- Si, hija mía, ruegue mucho por mi.

- Yo a mi vez le pido que ampare como un padre a las Obras de la Cruz, le ofrezco tomar sobre mi su alma.

León XIII había declarado Año Santo el de 1900, por ser el último del siglo. Los obispos mexicanos se apresuraron a organizar una peregrinación a Roma que estuviera presente en la solemne Clausura que se efectuaría el 24 de diciembre, conforme nombraron al señor Ibarra director y conductor de la peregrinación.

A su regreso de Roma, me confió que había pedido al Santo Padre que extendiera el Apostolado de la Cruz fuera de la República Mexicana, a todo el mundo. El Papa se mostró bien dispuesto, siempre que otros obispos así lo solicitaran. En cambio, el padre general de los jesuitas se opuso rotundamente a que la Compañía tomara como suyo el Apostolado de la Cruz y a que siguiera ayudando a la formación de los Misioneros Guadalupanos. Dios tiene sus caminos.

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