CAPITULO XVIII

Concepción Cabrera de Armida - Biografía
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HE AQUI LA ESCLAVA DEL SEÑOR

Yo que diariamente escribo en mi Cuenta de Conciencia todo lo que me sucede, esta vez solo he podido escribir unas frases. He llorado, he rezado, he dado gracias a Dios. Mamá murió repentinamente el 20 de febrero de 1905, estaba mejor que nunca.

Escribí al padre general de los Maristas participándole mi pena con la suplica de avisar al padre Félix. Me limito a enviarle mis condolencias y oraciones, no debo tratar otro asunto. Su carta respiraba obediencia.

Yo me sentía muy mal de salud, peor que nunca, enferma del cuerpo y en pleno desamparo del alma. El medico examinó la llaga que apareció en un pie, dijo que era cosa seria y que temía la gangrena. Lo que Dios quiera.

Mientras el señor Ruiz y el padre Valverde proyectaban entrevistar al padre Martín para que permitiera que el padre Félix viniera a hacer la fundación de los religiosos, recibimos la noticia de su muerte, que fue el 25 de abril. Ay, padre Martín, lo que no hizo usted en la tierra, hágalo en el cielo y ruegue por las Obras de la Cruz y por su pobre hija que no lo olvida.

El 8 de mayo, salieron para Europa el señor Ruiz y el padre Valverde. Al llegar a Lyon, se encontraron con que el padre Juan Raffin, que era el vicario general de los Maristas, estaba en Roma Los atendieron los padres asistentes, quienes expusieron las razones que tenían para negar el permiso solicitado. Entonces marcharon a Roma, pero ahí se enteraron de la nueva disposición de la Santa Sede que prohibía a los obispos fundar una nueva congregación religiosa sin tener previamente el beneplácito de la Santa Sede.

El señor Ruiz aprovechó su estancia en Roma para hablar largamente con el Cardenal José de Calazans Vives y Tutó, prefecto de la Sagrada Congregación de Religiosos, sobre las Obras de la Cruz y principalmente sobre la fundación de los religiosos. Yo en cama, bien enferma, temiendo la muerte. Mis hijos me traspasaban el alma. Este corazón de madre hace su oficio.

Por consejo del padre Valverde, tome como director espiritual al padre Maximino Ruiz y Flores, que era el capellán de las Religiosas de la Cruz y que en 1912 seria nombrado obispo de Chiapas. Desde el primer momento me pareció muy espiritual y cada día me gustaba mas para el Oasis de hombres, siento que Dios me lo ha dado como un hijo. El me ha dicho que esta dispuesto a dar su vida por las Obras de la Cruz.

En los ratos que me deja la enfermedad y el cuidado de los niños, voy al Oasis, hago oración ante el Santísimo. señor, apresura la fundación.

El 20 de marzo de 1906, las hermanas me permitieron asistir a los ejercicios espirituales que ese día comenzaba a predicarles el padre Duarte, jesuita. No se por que, pero el misterio de la Encarnación me ha encantado siempre.

"Envió Dios al ángel Gabriel a Nazaret, ciudad de Galilea, a una virgen desposada con cierto varón de la casa de David, llamado José, y el nombre de la Virgen era María. Y habiendo entrado el ángel a donde ella estaba, le dijo: Dios lo salve, llena de gracia, el señor es contigo, bendita tú entre las mujeres".

Así que al despuntar el 25 de marzo, fiesta de la Encarnación, me levante a las doce y cuarto de la noche y felicite al Verbo Encarnado y a la Santísima Virgen. A las cuatro de la mañana, tome las rosas durante una hora, que así llamo yo a las espinas en que me acuesto. después quise hacer la meditación de la Encarnación y no pude nada, nada.

"Mas el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia a los ojos de Dios. Sábete que has de concebir en tu seno y dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús".

Antes de la misa, postrada ante el sagrario, me humiIle cuanto pude, le pedí perdón a Jesús, le renové. mis votos, le ofrecí no llenar mi corazón de tierra, como hasta aquí, y así, vacia, lo recibí en la comunión. sentí la presencia de Jesús junto a mí y escuche su voz que me dijo:

- Aquí estoy, quiero encarnar en tu corazón místicamente. Yo cumplo lo que ofrezco. He venido preparándote de mil modos, y ha llegado el momento de cumplir mi promesa. Recíbeme. Tomo posesión de tu corazón, me encarno místicamente en el para no separarme jamás. Encarnar, vivir y crecer en tu alma, sin salir de ella jamás, poseerte y poseerme tú como en una misma sustancia, no dándome sin embargo tú la vida, sino yo a tu alma, en una compenetración que no puedes entender; esta es la gracia de las gracias.

- Pero si yo no merezco eso, mi Jesús.

- Nadie lo merece. Ámame, imítame, no te apartes de mí. Yo, el Verbo, te amaba desde toda la eternidad y te preparaba este día. Ya no estarás nunca sola, sino conmigo, en la más grande e íntima comunicación que puede existir.

- He aquí la esclava del señor, hágase en mí según tu palabra.
Mis lágrimas corrían y me parecía imposible semejante dignación, saber que Jesús invadió mi alma para encontrar en ella como una continuación, como una extensión de su Encarnación, una renovación de sus misterios, una transformación en el Crucificado para gloria del Padre y salvación de las almas por medio del Espíritu Santo.

El 12 de noviembre, ingresó mi hijo Manuel a la Compañía de Jesús. Yo lo deseaba para la nueva fundación, pero sacrifique mis ilusiones y se lo entregue al señor. Le di la bendición del Espíritu Santo y lo anime a quedarse allí pasando por encima de mi corazón.

Malas noticias de San Luis Potosí, mi hermana Emilia esta gravísima. Cuando nos disponíamos a partir en tren, nos avisaron que había muerto ese 8 de enero de 1908. Dios mío, que camino, que larga noche de viaje con el corazón partido. Hacía más de doce años que no había vuelto a San Luis. Cubierta con un velo negro y de rodillas ante la fosa, vi perderse entre la tierra a aquel ser querido, dejándole ahí mis oraciones y mis lagrimas. Visite en el camposanto de El Saucito el sepulcro de mi padre; ahí estaba enterrado también mi hijo Carlitos. Cuantos recuerdos.

Volví a ver la casa de mis padres, los retratos de familia, el piano de la sala que era mi delicia de niña, fui a la iglesia de La Compañía donde vi por primera vez la Cruz del Apostolado. Muchas familias y amistades vinieron a saludarme llenandome de atenciones, de cariño y de dulces, como que sabían lo que me gustaban, y yo sin hacerme del rogar. Jamoncillos de leche, queso de tuna, cocadas, queso de almendra, cabellitos de ángel, adoberas de membrillo, nogadas con azúcar hilado, pepitorias, tunas cristalizadas, biznagas, los dulces de mi tierra.

Me acuerdo que un día en que mi hijo Salvador se portó mal en el colegio, uno de los profesores le llamó la atención.
- Eres un diablillo, en cambio tu madre es una santa. Al volver a casa, Salvador llegó contándome. - Mamá, los padres del colegio nos dijeron que tú eras una Santa.

-Y tu, ,que dices?

- Nosotros no lo creemos, porque te gustan mucho los dulces.

Aproveche mi estancia en San Luis para visitar en Jesús María la primera Cruz del Apostolado que se plantó en el mundo. Resplandecía con la luz del crepúsculo, rodeada de velas encendidas, de innumerables retablos, de gente arrodillada que rezaba. Subí a besarla con todo el amor de mi alma.

El 17 de abril, mi hija Concha ingresó al Oasis. A los pies del retrato de su papa, la bese muchas veces sin poder contenerme. Hijita, recibe la bendición de tu papa y la mía que te doy con todo el corazón. Que el Espíritu Santo, fuente de toda pureza, te la comunique por medio de la Cruz y guarde siempre tu alma y tu cuerpo puros y sin mancha. Se una perfecta religiosa de la Cruz y olvídame.

Apenas tenia unos días en el convento, y yo la soñaba llenándola de besos, se me había despertado la ternura maternal con una fuerza indecible.

¿Y el padre Félix? Alguien me dijo que había tenido a últimas fechas, penas muy hondas y enfermedades que lo habían imposibilitado para su ministerio. He aquí la esclava del señor, hágase en mí según tu palabra.

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