CAPITULO IV

P. Félix de Jesús Rougier M.Sp.S. - Biografía
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ESCENA FAMILIAR

AQUEL AÑO DE 1935, lo recuerdo sentado en el recibidor, rodeado de los siete misionerillos en proyecto. El, narraba cuentos en francés. Los chicos debíamos traducirlos, porque estudiábamos el método que el había compuesto: El francés aprendido en un mes. Hacíamos competencias sobre dicho método, de manera que estábamos en condiciones de lucir nuestros conocimientos ante Nuestro Padre.

Luego el, sonriendo, miraba a cada uno de sus hijos con aquella mirada profunda y apacible como el cielo infinito, y seguía la "chorchita". Se conversaba, se reía, y éramos todos felices.

ENTREVISTA

Otras veces, el P. Tarsicio, nos llevaba a verlo en su casa escondite, por entonces, calle de Rosas Moreno. A mí me llegó mi turno: ¡que felicidad!

Llegamos y el P. Tarsicio me dejo a solas con Nuestro Padre. Hablamos de Dios, la vocación... no lo recuerdo con precisión, pero Nuestro Padre tenía el sentido de Dios y el sentido de la persona en el plan de Dios.

Anciano, agotado, enfermo, perseguido, con mil preocupaciones, no creía que era perder el tiempo y las energías que se le escapaban, concediendo una entrevista personal a un niño de diez años, que era yo entonces.

Sabía sembrar. Sabia que Dios no mira edades para amar ni para llamar, ni para santificar. Conocía perfectamente a su extraordinaria compatriota, Teresita de Lisieux, que a los tres años conversaba sobre los misterios divinos con su hermanita Celina y hacia pequeños sacrificios. Y por eso aquel Santo anciano nos recibía, nos atendía personalmente a cada uno.

En aquella ocasión, en medio de la entrevista, cruzó por mi mente una idea, fruto en parte de la veneración profunda hacia Nuestro Padre y en parte de mi vanidad infantil: ¿Por que no confesarme con Nuestro Padre? ¡Que privilegio! porque seguramente a ninguno de mis compañeros se le había ocurrido. Yo seria el único privilegiado.

Le pedí pues, a Nuestro Padre, que me confesara. Como es natural, Nuestro Padre accedió bondadosamente y oyó mi confesión.

Ahora pienso que hay vanidades buenas, porque esta me valió una absolución llena de gracias y bendiciones, como la bendición de los Patriarcas, y no dudo que aquella bendición haya sido mi sostén en la vida y lo será, así lo espero, para ser fiel a Dios hasta el momento supremo.

No, definitivamente no fue vanidad, fue inspiración del Espíritu Santo ¡Bendito sea!

NUESTRO PADRE ME ESCRIBE

A mediados de año, el P. Tarsicio - cuanto le debo a mi buen Padre - nos sugirió que escribiéramos una carta a Nuestro Padre.

Yo - y creo que mis compañeros también - le pedí que me regalara un ejemplar del librito Como es Jesús, que había escrito recientemente Nuestra Madre, la sierva de Dios Concepción Cabrera de Armida.

También para contestarnos personalmente, encontró tiempo Nuestro Padre Félix. Su contestación dice así:

¡María mi Madre! Luis

México, 12 de Junio de 1935.

Muy amado hijo en Jesús:

Leí con mucho gusto su buena cartita del 8 de junio. Gracias por sus oraciones. Yo pido a Nuestro Señor que le conserve su hermosa vocación. Espero irlos a ver muy pronto a Tlalpan. Ame, con toda su alma, a la SaSa (sic) Virgen su Madre del cielo.
Todavía me queda un Como es Jesús y se lo regalo con mucho gusto.

Su afmo. padre que lo bendice,
Félix de Jesús
M. S. S.

He aquí la carta que un hombre de 75 años, lleno del Espíritu de consejo y de fortaleza, de ciencia y de piedad, escribió en contestación a un apostólico de diez años.

EN DIRECCION ESPIRITUAL

El 24 de marzo de 1935, escribía Nuestro Padre a sus hijos de Roma: "Todo muy bien, gracias a Dios. Los repartidos en varios grupos, contentos, muy buen espíritu, trabajadores, alegres. Muy buena salud, a Dios gracias".

Y así era en verdad, se vivía en un clima de heroísmo, y este clima es bueno para la salud del alma y del cuerpo.

Y el 21 de julio: "Ayer emprendí la visita de todas las casas., (Son nueve) Un día entero en cada una". Efectivamente, Nuestro Padre se presento un día en la casita de la calle de Coapa, para hablar con cada uno de nosotros. Veo aun a Nuestro Padre, sentado ante un gran escritorio - seria el del P. Tarsicio - hablando conmigo.
Lleva Nuestro Padre unas hojas con el nombre de cada uno a su estilo: letras grandes a dos tintas, en la parte superior. Luego un cuestionario:

¿Cuales son sus devociones preferidas?
¿En que ministerio le gustaría trabajar cuando sea sacerdote?
¿Salud? ¿Familia?

Lo que el solía preguntar a sus hijos.

Escuchaba y anotaba cuidadosamente las respuestas.

Aunque se tratara de unas personillas como nosotros, Nuestro Padre nos hablaba "de usted", como se habrá visto en la carta. No era estiramiento o cosa parecida... Era, simplemente, un rasgo de su origen francos, habituado al vous. Y también, como no, una expresión de su fina educación, de su respeto a la persona humana, así fuera la de un niño y sobre todo de su visión sobrenatural que le hacia ver en su interlocutor un hijo de Dios.

Así pues, Nuestro Padre, nos llamo, como 61 decía, "en dirección espiritual". Yo solo recuerdo una cosa: como mis compañeros eran entusiastas de las misiones, yo, que no iba a ser menos, le dije a Nuestro Padre que quería ser misionero.
De esta visita, que fue parte de un programa que se propuso, dejo constancia Nuestro Padre en su carta a Roma de 25 de septiembre de aquel accidentado, pero feliz año de 1935:

"Muy a pesar mío he dejado un poco mi correspondencia con mis amados hijos de Roma por haber emprendido, hace un mes, la visita (personal y larga) de cada una de las Casas. Acabo el lunes próximo. .

Las casas son: -1) N., 2) Teólogos, 3) Filósofos, 4) Curso Previo, 5) 1er. Año A; 6) 1er. Año B. 7) 2° Año, 8) 3er. Año, 9) Auxiliares de los Seminarios, 10) Hijas del Espíritu Santo (Hoy estoy en esta ultima)...

Ha sido un trabajo arduo, pero muy necesario, y doy gracias a Dios, pues estoy muy contento".

N. es el Noviciado. Nuestro Padre menciona Curso

Previo y 1er. Año B. Se trata, creo yo, de un mismo grupo, el nuestro, que recibía ambas denominaciones.

Aquí esta Nuestro Padre de cuerpo entero. Como el Buen Pastor, conocía a todas sus ovejas y las llamaba por su nombre. Todos, desde los Padres antiguos y los Superiores hasta los apostólicos de doce y diez años, gozábamos de la atención personal de Nuestro Padre. Así era él...


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