CAPITULO VII

P. Félix de Jesús Rougier M.Sp.S. - Biografía
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COMO ES MARÍA

Conchita Armida, Nuestra Madre, había escrito en 1933, año conmemorativo del decimonoveno centenario de nuestra Redención, su precioso librito Cómo es Jesús, que Nuestro Padre nos obsequio a los apostólicos, como queda referido.
Pronto empezó a circular el rumor de que el estaba escribiendo a su vez Cómo es María. Lo esperábamos con ansias, como es de suponerse.

"He ofrecido -decía- este trabajito a la S. S. Virgen Nuestra Madre, en nombre de todos los Misioneros del Espíritu Santo, para que así, todos y cada uno podamos contribuir a hacer amar un poco mas a Nuestra Madre".

había dedicado las horas de soledad que pasaba escondido por la persecución y aquellas otras dolorosas de sus enfermedades o de sus insomnios, a redactar, con todo el cariño de su alma, ese ferviente homenaje "A la Santísima Virgen María, nuestra amantísima y amadísima Madre, en el XIX centenario de su paso por la tierra".
Hubo de pasar bastante tiempo, entre la preparación del original para la imprenta y el trabajo de impresión, obstaculizado por una huelga y los problemas con que todo lo religioso tropezaba en aquellos días.
Por fin, le anunciaron a Nuestro Padre que a fines de abril, le entregarían la edición. ¡Estupenda coyuntura, en vísperas del Mes de Mayo, dedicado a honrar con cariño desbordante a la Madre del Cielo!

La edición constaría de dos mil ejemplares. Nuestro Padre había pedido que se hicieran quinientos más, para obsequiarlos a, sus hijos e hijas. No midió -pienso yo- ni el considerable número de estos, ni su generosidad ilimitada, ni sobre todo su amor apasionado, como el mismo solía calificarlo, a la divina Madre de Jesús y nuestra.

Fueron, pues, dos mil los ejemplares que regalo, con su correspondiente dedicatoria. Aquel mes de Mayo estuvo perfumado con la lectura, personal y comunitaria, de esas páginas tiernas, piadosas y sabias, que tan bien nos dicen Como es? María, aunque su titulo definitivo no haya sido este, sino: MARÍA. Su vida. Sus virtudes. Su culto.

LOS DIFICILES DOCE AÑOS
Andaba yo en los once años "entrados a doce", y la crisis de la adolescencia no tardo en desatarse, violenta y dramática.
La situación llego a tales términos, que pensó en abandonar la Escuela Apostólica. así se lo comunique al P. Edmundo Iturbide, Vicario General, porque entonces los Superiores Mayores -y el primero Nuestro Padre intervenían con frecuencia en los asuntos personales hasta de los niños de la Apostólica.

El Padre Edmundo, más bien gigantesco y 'yo, hombrecillo en proyecto, nos paseábamos frente a la casa, en el campo de Toriello, hablando seriamente del asunto. -
Oh Señor y Padre mío: ¡Que importancia tiene para Ti la decisión de un pobre niño! Un Obispo muy Santo y muy nuestro, Mons. Martínez, decía que un alma es una diócesis. Pues bien: para Ti, un alma es más que el universo inanimado, con todas sus maravillas. Con ese interés, con ese cariño me viste entonces, Padre Dios. Te daré gracias y te bendeciré, por siempre jamás.

El Padre Edmundo me escuchó atentamente y luego me dijo: "Vamos a hacer una novena al Espíritu Santo, antes de decidir tu asunto". Yo acepte, desde luego, y comenzamos la novena. Aun esta sin terminar, gracias a Dios.

No se volvió a hablar del asunto, porque, entre tanto, sucedió alga inesperado. Al Padre Gabriel, nuestro Superior, que, como se dijo, vivía con nuestro grupo, le regalaron una imagen de Señor San José, con el niño Jesús en sus brazos. El P. Gabriel nos dijo: "Me regalaron una imagen de Señor San José. No es muy artística, pero es muy milagrosa".

La imagen estaba guardada entonces en una habitación que, si no recuerdo mal, hacia veces de sacristía. Era el mes de septiembre. La Congregación Mariana organizó una rifa para obtener fondos. El premio era un retrato de Nuestro Padre, de regular tamaño, con su marco de madera, preciosamente labrado. Yo compre dos o tres boletos, me fui a donde San José y se los puse en su mano.

Llegó la fecha de la rifa, 27 de septiembre de 1936. Hubo una fiesta, en el gran salón que servia habitualmente de Capilla. en medio de la fiesta se verificó la rifa,

¡Y me saque el retrato de Nuestro Padre!

Entonces mi buen Padre espiritual, el P. Agustín Álvarez, que conocía mi situación personal, ni tardo ni perezoso me dice:

- "Te voy a llevar con Nuestro Padre, para que te dedique el retrato".
Nuestro Padre vivía entonces con el P. Edmundo y el Hno. Agustín Lira, que velaba por el de día y de noche, en la calle de Patriotismo, en Tacubaya. Existe la casa, casi igual que en vida de Nuestro Padre y esta contigua a la Iglesia de San José: una Iglesia nueva, grande, decorosa, y imprecisamente de San José!
Siempre se las ha arreglado el Santo Patriarca para hacer virar la barquilla de mi vida hacia los rumbos de Dios, ya sean Belén, Egipto, Nazareth, o ... el Calvario.

Con que nos fuimos el peré Guty y yo a ver a Nuestro Padre.

Me parece mirarlo frente a su mesa de trabajo, espacioso y mudo testigo de tantas alegrías y tantas penas, sentado en su sillón afelpado. Le confié mi problema vocacional. El me escuchó con aquella atención que era cariño de padre. Luego me dijo palabras de aliento de esas "que convencían" y me dedicó el hermoso retrato.
Y, en aquel día se salvo una vocación que casi había naufragado...


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