CAPITULO VIII

P. Félix de Jesús Rougier M.Sp.S. - Biografía
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SE VA EL AÑO ENTRE CANTARES

El año 1936 se esfuma en, mis recuerdos. Fin de cursos, exámenes...

Sobrevive en mi memoria el encuentro con la armonía, la perfección, la majestad de aquellos dos corales de Bach, que se ensayaron para la fiesta de premios:

"A Ti, Jehová" y el suplicante "Ven, dulce muerte", con letra adaptada a Cristo Rey.
Pegado a la puerta del cuarto donde se ensayaba, me dejaba asombrar de aquella música: había descubierto a Bach, el que siempre asombra....


A decir verdad, pocos frutos recogí aquel año en lo que a estudios y comportamiento se refiere. Pero había un fruto esencial: el Padre Félix escalaba la cumbre de su vida y un muchacho de doce años reemprendía la ascensión tras sus huellas.

EN TORNO AL PADRE

Un recuerdo más se salva en mi memoria, vivo, calido luminoso.

Es el 20 de Noviembre. Celebramos el onomástico de Nuestro Padre. De todos los rincones acudimos a un punto de reunión: la huerta "Catipoato", una de esas enormes y paradisíacas huertas de 'Tlalpan. Ahí está Nuestro Padre: lo felicitaremos y comeremos todos juntos con el.

Nos damos cuenta de que la familia es ya considerablemente numerosa. No cabemos en un solo salón. En habitaciones contiguas de la casa nos instalamos como podemos y tomamos nuestros alimentos en medio de una alegría más bien intima que aparatosa. Somos felices, porque estamos todos reunidos y a todos nos cobija la presencia de Nuestro Padre.

Somos, en verdad, como el quería, una familia.

 

 


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